Presión en el PSOE

La música sobre la rebaja de impuestos que toca coordinadamente el PP impacta sobre las expectativas de los barones socialistas y alcaldes que aspiran a volver a presentarse en las elecciones de mayo. Ya había presión, pero esa presión va a ir a más, para que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reaccione y «anule» la campaña de los populares que tiene como bandera la exigencia de que se deflacte el IRPF. Los socialistas vascos han apoyado la deflactación aprobada por el Ejecutivo vasco, prueba de que en el Gobierno de coalición influyen otros factores de carácter ideológico, por los equilibrios con Podemos y ERC, que condicionan las decisiones impositivas. Pero igual que ha sucedido con la rebaja del IVA de la electricidad y del gas, dentro del PSOE se abre el debate sobre la posibilidad de que Sánchez también acabe cediendo en el IRPF.

La estructura territorial socialista quiere creer que Sánchez se guarda golpes de efecto para las elecciones de mayo. Cuenta con los Presupuestos, el BOE, el exceso de recaudación por la inflación y los fondos europeos. En el poder orgánico socialista lo fían todo a que el invierno no sea tan duro como vienen apuntando las previsiones desde hace meses y que esto actúe como colchón paliativo del desgaste y permita generar un clima de optimismo, en vísperas de los comicios de primavera, que les permita recuperar posiciones en las urnas. No ignoran que algunas de las decisiones que se tomen en estos meses pueden tener un coste para el país a medio plazo, por ejemplo la campaña contra las grandes empresas, simbolizada en el impuesto a energéticas y bancos. Pero es momento de supervivencia y esto exige ajustar al refrán de que «el que venga detrás, que arree».

La irrupción exitosa del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, con su plan de supresión del impuesto de sucesiones y nuevas rebajas fiscales ha marcado hasta tal punto la agenda que los partidos asumen que este debate impositivo seguirá estando encima de la mesa hasta las elecciones. «Si el PP consigue hacer creíble el discurso de que es el partido de las bajadas de impuestos tendremos un problema», admiten fuentes próximas al presidente valenciano, Ximo Puig.

Y en estos momentos de incertidumbre política, la recentralización fiscal que ayer defendió el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, en una entrevista con Carlos Alsina, en Onda Cero, desató otro fuego interno y descontroló todavía más la discusión interna. Escrivá se mostró favorable a una centralización de la política fiscal, reabsorbiendo parte de las competencias que en materia de impuestos han sido transferidas a las comunidades autónomas. Esto plantea un problema al PSOE con sus socios de ERC, incomoda al PNV, pero, además, da lugar a que dentro del partido se lleven las manos a la cabeza por «la falta de estrategia y de coordinación en el Gobierno y del Gobierno con Ferraz», a pesar de los últimos cambios introducidos por Sánchez.

El Gobierno había apuntado a la armonización fiscal, y en esa dirección trabajaba su grupo de sabios fiscales, hasta que la situación económica obligó a guardar en el cajón la propuesta de subidas de impuestos, que Podemos sigue reclamando. La presión del PP está dando lugar a que en el PSOE también empiecen a presionar para que el Gobierno se mueva y desactive la estrategia fiscal del PP por el lado de hacer suyo el lema de que «bajar impuestos es de izquierdas». Los dirigentes socialistas que están más sobre el terreno confiesan que son conscientes de que en la calle las bajadas de impuestos tienen «buena venta». Y que la realidad del Estado autonómico es que la autonomía política va ligada a una autonomía financiera, por lo que ni Madrid ni Andalucía se salen del marco legal ni están aplicándose excepcionalidades que no puedan ser utilizadas por los demás.

«Parece que siempre vamos por detrás de alguien. O de Podemos o del PP. Y en este debate tenemos todas las de perder si no recomponemos la figura y reaccionamos», insisten en el Gobierno manchego. Los barones y alcaldes socialistas creen que el discurso de que Madrid es un paraíso fiscal no les suma, más que para hundirse todavía más en la capital madrileña. «Hay que ser consecuentes, por más que insistamos en que Madrid nos agrede, con que la realidad es que la autonomía conlleva la posibilidad de que unas comunidades suban los impuestos y otras los bajen, siendo los electores los que luego valoran esas decisiones», añaden las mismas fuentes. Es más fácil apuntar a otro cuando en el ejercicio de tus competencias directas está la decisión de seguir o no el modelo madrileño o andaluz de la rebaja fiscal, pero los barones echan la pelota al tejado de Sánchez y sostienen que debe ser él quien empiece por hacer «gestos contundentes» en los Presupuestos.

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