Putin

Ucrania ha enseñado a Vladimir Putin el significado de la palabra derrota. Nunca antes había sido su posición tan débil como ahora después de la exitosa ofensiva ucraniana en la región de Járkov: las tropas ucranianas han recuperado en septiembre una extensión de territorio equivalente a Chipre y han liberado una veintena de enclaves, algunos tan estratégicos como Kupyansk o Izium. En el sur, se habla de una retirada de Meliopol hacia Criema. Los halcones como el líder del Partido Comunista, Gennadi Ziuganov, exigen la movilización general y declarar la guerra a Ucrania. Las palomas, como los concejales rebeldes de San Petersburgo y Moscú, le acusan de «traición». Es un momento de inflexión que puede derivar en una escalada de dimensiones escalofriantes o incluso en un golpe. Las grietas del régimen son más evidentes que nunca antes. 

Una prueba fehaciente de la debilidad del régimen es el resurgir de la guerra intermitente entre Azerbaiyán, cercana a Turquía, y Armenia, aliada de Moscú. Azerbaiyán ha atacado en la noche del lunes a la vecina Armenia, con la que mantiene el eterno conflicto por Nagorno-Karabaj, cuando sabe que Rusia no puede acudir al rescate de los armenios. No está en disposición de arriesgarse a un enfrentamiento con Turquía, uno de los países que desempeña un papel de bisagra en la guerra que libra el Kremlin en Ucrania. De hecho, Armenia pidió ayuda a la OTSC (un émulo de la OTAN liderada por Rusia) y sus integrantes no están dispuestos a enviar tropas sino que enviarán una misión de observación. Armenia ha anunciada su retirada de la OTSC. 

El Kremlin sigue manteniendo que la «operación militar especial» que libra en Ucrania mantiene su curso y no reconoce la huida de sus tropas, confirmada por el abandono de blindados y material militar, sino que lo explica como un repliegue. A la vez, propagandistas del Kremlin como el presentador Vladimir Soloviev, piden la ejecución de los oficiales responsables en la región de Jarkov. Es el mensaje que quiere que cale en la opinión pública: buscamos culpables. Pero supone un reconocimiento implícito del desastre. 

Y tanto ultranacionalistas como Ziuganov como personalidades de su entorno como Mihail Sheremet, miembro del Comité de Seguridad y Anticorrupción, claman ya abiertamente que declare la guerra lo antes posible, lo  que permitiría a Moscú disponer de más efectivos, como hace Kiev, pero sería una demostración de que van perdiendo y a la vez conlleva riesgos de contestación social. En la Duma, Ziuganov ha dicho este martes: «La guerra tiene dos resultados: la victoria o la derrota. En el Donbás nos jugamos nuestra supervivencia histórica. Todos deberíamos valorar de forma realista lo que está pasando». 

Grietas en el régimen

Y lo que está pasando es que Rusia está perdiendo en Ucrania. Ya fue un golpe duro asumir que tenían que cambiar de estrategia al ver que la operación relámpago para tomar Kiev había fracasado. Pero lo visto en la región de Járkov va más allá. Demuestra que Ucrania no ha ganado pero puede ganar. O que Rusia no ha perdido pero puede perder. 

Creo que estamos asistiendo a unos episodios que pueden significar el principio del fin de Putin»

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llibert ferri, autor de ‘putin, treinta años después del final de la urss’  

“Por la información que está llegando creo que estamos asistiendo a unos episodios que pueden significar el principio del fin de Putin. Hay varios elementos: el manifiesto de los concejales de San Petersburgo y Moscú es relevante porque tratan a Putin de traidor. No son gente de Navalny. Ven que el régimen se empieza a agrietar”, explica Llibert Ferri, ex corresponsal en Moscú y autor del libro Putin, treinta años después del final de la URSS

El movimiento de los concejales díscolo empezó la semana pasada en San Petesburgo, ciudad natal de Vladimir Putin. Ya son 85 disidentes que han firmado un manifiesto que dice: «Nosotros, diputados municipales de Rusia, creemos que las acciones del presidente Vladimir Putin dañan el futuro de Rusia y el de sus ciudadanos. ¡Exigimos la renuncia de Vladimir Putin del cargo de presidente de la Federación Rusa!». Algunos firmantes han sido convocados por la policía por «desacreditar» al Ejército ruso. 

A su vez, Llibert Ferri destaca que se ha difundido la información de que altos cargos rusos están trasladando en secreto a sus familias desde Crimea y el sur de Ucrania a territorio ruso. The Guardian se hacía eco en su página web de este revelación, procedente de fuentes ucranianas. 

«¿Hay unidades dentro de Rusia dispuestas a dar un golpe de mano? Puede pasar. Y pueden ser los moderados o gente más dura. Me inclino a pensar que hay una lucha por el poder y que Putin empieza a estar cuestionado por todos” añade el periodista. 

Lo que es cada vez más evidente es que Putin está más presionado que nunca antes. Su supervivencia política, que antes no se ponía en cuestión tras más de dos década en el poder, empieza a estar en duda. “Es más realista pensar que Putin está en peligro que hace un mes. El revés militar y la contestación política, muy significativa porque la Revolución Rusa la iniciaron los soviets en Leningrado, revelan serias grietas. Hay una amenaza, si bien Putin juega con que no hay alternativa: es él o el caos”, señala Francisco Herranz, profesor universitario y periodista especializado en Rusia. 

El revés militar y la contestación política revelan serias grietas. Hay una amenaza pero Putin juega con que no hay alternativa»

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francisco herranz, profesor universitario y periodista especializado en rusia

La guerra en Ucrania cumple este miércoles su día 203. El coste militar y humano para Rusia está siendo demoledor. “No es Chechenia ni Afganistán. A los ucranianos les están armando países de la OTAN, pero son ellos los que están luchando y los que están muriendo”, añade Herranz, autor de Gorbachov, luces y sombras de un camarada. La diferencia es que los ucranianos saben por lo que luchan, pero los rusos o son mercenarios o no lo tienen muy claro. Y como apunta Taras Kuzio, investigador asociado de la Henry Jackson Society y profesor del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Kiev Mohyla Academy, los rusos no tienen una cadena de mando como la ucraniana, más parecida a la que tienen los aliados. ”Los oficiales rusos tratan a los soldados como basura y los utilizan como carne de cañón”, apunta Kuzio.”Tienen malos suministros logísticos, mala comida, sin botiquines. Rusia es un estado mafioso y el Ejército está podrido”, añade. 

El papel del Ejército

Esa cuestión es otro enigma. ¿Cómo pueden reaccionar la Fuerzas Armadas? «Las Fuerzas Armadas son la piedra angular. El Ejército ruso está en un momento delicado. No solo es Putin. Hay quienes apuntan que la derrota en Járkov es una de las mayores desde la Segunda Guerra Mundial. Está en un punto delicado y eso es un elemento de inestabilidad. Son los que podrían dar un golpe. En 1991 no se decantó por los golpistas y por ello no salió adelante». 

Hasta ahora el zar Vladimir Putin podía mantener la imagen de vencedor pero ya no. Como decía la analista Tatiana Stanovaya, en un artículo en The New York Times, “en el momento en que Putin haga frente a la realidad, cuando vea que sus planes no están funcionando y se decepcione, es cuando será más peligroso”. Si además, percibe la presión de halcones y palomas la situación puede ser más arriesgada. 

No aceptará la derrota, ni una retirada, aunque se lo pidan día sí y día no el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz, que este lunes ha mantenido una conversación de 90 minutos con Putin. Es más probable que intente una escalada. Y Rusia tiene armas nucleares tácticas que los más catastrofistas creen que podría utilizar en el oeste de Ucrania, la zona más cercana a Polonia. 

A Putin le irrita sobremanera que Ucrania esté recibiendo armamento sofisticado de varios países de la OTAN, sobre todo de Estados Unidos y Reino Unido, mientras que los chips para su tecnología militar más avanzada no llegan por las sanciones occidentales. Así el ex presidente Dmytri Medvedev ha reaccionado con dureza al conocer que Ucrania ha presentado a varios aliados una propuesta para obtener garantías de seguridad. «Es el prólogo de la Tercera Guerra Mundial», dijo Medvedev, ahora un halcón del Kremlin y número dos del Consejo de Seguridad. 

“¿Qué nos enseña esta guerra? Su preludio es parecido al de la Segunda Guerra Mundial. Es un dictador amenazando y ocupando países. La diferencia es que en 1938 y 1939 se hicieron concesiones a Hitler y ahora no está sucediendo así. En verano se gestó la ofensiva de Ucrania, con ayuda de países occidentales. No está pasando como entonces y el régimen ruso da señales de que se está resquebrajando”, dice Llibert Ferri. 

De sentirse acorralado Putin puede recurrir a las armas químicas o nucleares. O arrasar ciudades de forma indiscriminada. Más aún de lo que están haciendo hasta ahora. Su contraataque es temido. Lo que nadie se imagina hasta ahora es que acepte una rendición. Tampoco Hitler la concebía. 

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