Puñetas cansinas

Dado su crónico, patológico e incurable complejo de inferioridad ante el resto de Europa, parecía casi imposible que España llegara a arriesgarse algún día a ser reubicada por Bruselas, junto a la Hungría de Orbán y la Polonia del gemelo ultramontano, en su particular lista doméstica de Estados gamberros. Pero el que la sigue, ya se sabe, la consigue. De ahí que a estas horas, y para vergüenza de PP y PSOE, nos hayamos convertido en el argumento favorito de los iliberales del Este cuando replican a Von der Leyen que todavía existe alguien peor que ellos en materia de incumplimientos sistemáticos en relación a la independencia de jueces y magistrados. 

Y como el asunto todavía va – todo lo indica – para largo, quizá iría siendo el momento de tomar conciencia plena de que ninguno de los dos modelos de designación aquí contrapuestos, el de la autónoma plena de los jueces para su autogobierno y el que prioriza la voluntad de los partidos mayoritarios a través del voto parlamentario, conducirá nunca a algo parecido a la independencia del teórico tercer poder del Estado. En el caso de los partidos, el asunto resulta obvio. Y es que daría exactamente igual modificar las proporciones precisas para lograr los nombramientos. Daría igual porque ellos, PP y PSOE, se las arreglarían, fuesen cuales fuesen, para acordar como buenos compadres la promoción al CGPJ de sus respectivos obedientes. 

Pero es que lo otro tampoco funcionaría. Y el gran ejemplo es la Universidad, una institución corporativa, mediocre, nepotista y podrida hasta la médula a causa de la secular captura de sus órganos de gobierno y promoción interna por parte de bandas organizadas de catedráticos con séquitos de protegidos a los que privilegiar. Porque eso de los jueces, desengañémonos, solo podría arreglarse si se rompiera la vinculación entre el nombrado y el favor debido a sus patrocinadores. Solo puede ser independiente, independiente de verdad, quien no debe nada a nadie. Algo que en el caso que nos ocupa se podría lograr implantando el método del sorteo para la designación de los doce vocales. Y, por supuesto, jamás PP y PSOE lo consentirían. Antes muertos.

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