Rafa Nadal

Dicen que las cosas se valoran verdaderamente cuando las pierdes y sigo pensando que a Rafa Nadal, valorándole como le valoramos en España, que es muchísimo, aún no le valoramos lo suficiente. Que no, que se merece más, de verdad. Y creo esto porque todavía le tenemos en activo y eso hace que, siendo extraordinario todo lo que hace, lo veamos como nuestro día a día. Hemos normalizado tener a un extraterrestre con DNI español. 

Rafa acaba de ganar su decimocuarto Roland Garros y para la mayoría de los amantes del deporte es un día normal. Es tan habitual, que la mayor parte de las veces se da por hecho. Estamos acostumbrados. De hecho, damos por hecho que Rafa gana sí o sí salvo que una lesión o un día terrible, que no suele pasar, acabe con su sueño de morder una vez más la Copa de los Mosqueteros. Llevamos comiendo caviar más de una década. Nos hemos puesto tan morados de triunfos que ahora surge la figura de Carlos Alcaraz y ya le pedimos rápidamente que gane con 19 años un Grand Slam. Esto pasa por la maravillosa culpa de Rafa Nadal.

Además, los triunfos del manacorí no son victorias normales. Y no digo esto porque no sea normal de por sí pensar en los 14 Grand Slams de Pete Sampras y decir «pues tampoco eran tantos» sino porque nadie, ni Djokovic ni Federer que tienen 20, lleva jugando lesionado de gravedad desde los 19 años. La lesión de Rafa es grave, señoras y señores. Es un problema que ha lastrado la carrera de Nadal durante toda su vida y que va más allá, porque en el futuro su vida normal se verá afectada por este problema. Rafa tiene días en los que apenas puede andar. Rafa vive medicado y sabe que el futuro después del tenis será doloroso.

Nadal podía haber parado de jugar para no condicionar su vida cuando ganó dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte o veintiún Grand Slam, pero no lo hace. Sigue jugando. Sigue ganando y hoy suma su 22º GS. Por favor, no nos acostumbremos a dar normalidad a esto. No demos como rutinario que un deportista español sea patrimonio de la humanidad por lo que es dentro de la pista y por lo que simboliza como ejemplo fuera de la misma. ¡Es una locura lo que estamos viviendo!

En mi caso me niego a dar normalidad a los triunfos de Rafa Nadal. No pienso restarle ni un ápice de valor a lo que hace. «Dicen que las cosas se valoran verdaderamente cuando las pierdes». Pues a mí no me da la gana que sea así. No hemos perdido aún al Rafa Nadal tenista así que hagamos ahora lo que se suele hacer cuando estos genios se retiran. Hay que dar valor a cada saque, revés, derecha, dejada, colocación de sus botellas en la silla, sacada de calzoncillos entre saque y saque… todo. Rafa, te lo digo ahora como hago siempre: ¡Gracias!

nadalruud.jpg

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí