reencuentro con ERC

El Gobierno no da por perdida la relación con ERC. Y está dispuesto, además, a hacer más gestos o concesiones para tratar de recuperar un marco de diálogo que permita al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, apoyarse en ellos para sostener esta Legislatura y aspirar a repetir alianza después de las próximas elecciones generales, si dan los números. Entre estas nuevas cesiones estaría la rehabilitación de la mesa de diálogo, que se encontraba congelada, sin avances ni planes de futuras reuniones.

El Ejecutivo sale muy tocado de la votación del decreto anticrisis, el cual ha tenido que sacar adelante con los votos de Bildu, y esto reactiva en el núcleo duro del Gobierno las alarmas sobre la urgencia de recuperar «como sea» la mayoría de investidura. Sánchez puede sostener en precario la Legislatura hasta que quiera, prorrogando incluso los Presupuestos Generales del Estado, pero ese escenario es un camino agonizante para su imagen y la de su partido.

Y la alternativa que le queda al alcance, buscar acuerdos puntuales con el PP, ya está confirmado que tampoco es una opción que se plantee explorar, a pesar del cambio en el liderazgo del PP con la llegada de Alberto Núñez Feijóo. La votación del plan para paliar los efectos de la inflación le brindaba una oportunidad de oro para iniciar esta senda, pero, a pesar de los apuros parlamentarios, Moncloa ha optado por seguir apostando por sus actuales socios y por ese mantra de que la salida económica tiene que ser «una salida de izquierdas».

«Lo que haga falta»

La directriz es «hacer lo que haga falta» para atraer de nuevo a ERC y, para conseguirlo, asumen que habrá que ir todavía más allá de las vías de investigación ofrecidas sobre el funcionamiento de los servicios de inteligencia españoles. Una solución, marcada por Presidencia, la cual no coincidente exactamente con la del Ministerio de Defensa. Además, puede acabar llevando a un callejón sin salida: si se confirma que hubo espionaje, porque serviría de argumento a ERC para blindar su ruptura, y si la información niega que existiera espionaje, el independentismo puede seguir sosteniendo que no se lo cree.

Moncloa quiere pensar que «la tormenta pasará», y que tienen que esperar a que «se enfríe el calentón», pase la reunión de la comisión de secretos oficiales y baje de nuevo el ruido mediático. «No quieren romper, pero tienen que hacer gestos, hay que dejar que pase algo de tiempo y luego volver a la mesa», explican fuentes socialistas.

El tiempo aclarará si tienen capacidad de convertir este deseo en hechos. Pero la ruptura con ERC se hace aún más delicada por la capacidad de arrastre sobre Podemos. Sin embargo, desde el propio Gobierno todavía quieren ver la botella medio llena aunque la gestualidad de los republicanos haga pensar que ya está vacía. Y por eso apelan al apoyo de Bildu para sostener que es una señal de que el bloque de investidura quiere mantenerse vivo.

Encuestas

Esta última crisis es vista como un tornado dentro del partido. La preocupación por las encuestas es creciente. Andalucía es una pieza clave para gobernar en La Moncloa. Y dirigentes de peso en la formación han empezado ya a dejar la advertencia de que el lema de que la alternativa es la extrema derecha no es suficiente para mantener el poder. La estrategia de apaciguamiento de Sánchez tiene un efecto desgaste en Andalucía, y no es la mejor carta de presentación para su candidato en las próximas elecciones a la Junta, Juan Espadas.

En el Gobierno también difunden la idea de que hay una campaña dirigida desde un sector del independentismo catalán, y apuntan al respecto al expresidente Carles Puigdemont, que tiene como objetivo desestabilizar la relación con ERC y la Legislatura. Y recuperar un espacio que tenían perdido.

Por otra parte, la lectura que hacen de todo esto en el cuartel de los populares en Génova es que esta crisis, y la gestión del Gobierno, «complica mucho avanzar por la vía que ha propuesto Alberto Núñez Feijóo». Esto no quiere decir no vayan a sentarse cuando el Gobierno les llame ni tampoco que interrumpan otras negociaciones abiertas, como la de la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Pero ya en tiempo electoral y con un programa de gobierno «secuestrado» por las necesidades políticas de Sánchez, las invocaciones al diálogo no pueden ir más allá de un brindis al sol.

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