Reino Unido vuelve a la austeridad

Las medidas anunciadas por el ministro de Finanzas británico, Jeremy Hunt, de la Declaración de Otoño han dejado un sabor agridulce en el mercado. Los analistas han valorado la intervención del Canciller y su propuesta de aumentar impuestos y recortar el gasto por valor de 55.000 millones de libras, y coinciden en que supone una vuelta a la «austeridad» y que retrasa las decisiones importantes. La mayoría cree además que el presupuesto supondrá un fuerte golpe para el bolsillo de todos los británicos y que acabará por «intensificar» la recesión en Reino Unido, aunque no todos lo ven con malos ojos.

Desde Pantheon Macroeconomics señalan que el Gobierno británico retrasa las decisiones importantes con las medidas adoptadas. «La mayoría de los recortes del gasto se han retrasado hasta después de las próximas eleccionesgenerales, que deben celebrarse antes de enero de 2025, y puede que nunca se apliquen, dado el carácter renovable de los objetivos fiscales», apuntan los expertos de esta firma, que remarcan que las nuevas normas fiscales de Hunt -que la relación deuda/PIB subyacente debe disminuir y el endeudamiento público debe ser inferior al 3% del PIB en cinco años- «son más laxas que las anteriores, que estipulaban que la relación de la deuda debía disminuir y el presupuesto actual debía tener superávit en tres años».

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Aunque el resultado global de este presupuesto que «la política fiscal se endurecerá materialmente el próximo año, amplificando la recesión ya en curso». De hecho, consideran probable que la recesión británica sea «la más profunda entre las principales economías avanzadas, dado que ningún otro país ha actuado tan pronto para subir los impuestos y retirar el apoyo a los precios de la energía».

«La declaración aplaza muchas de las decisiones difíciles hasta 2025 y más allá, después de las próximas elecciones», resaltan también los analistas de TD Securities en una nota, en la que afirman que las reglas fiscales presentadas por Hunt le dan «un gran margen de maniobra a corto plazo en la política fiscal, sin objetivos vinculantes reales hasta 2025/26″. En su opinión, «la nueva plataforma fiscal del Gobierno parece ser expansiva a corto plazo, y el endurecimiento fiscal solo llegará después de las próximas elecciones. De este modo, los retos fiscales más graves se trasladan al próximo Gobierno, que en nuestra opinión es más que probable que sea laborista, mientras que la política fiscal se mantiene flexible durante el resto del mandato actual de este Gobierno».

Por su parte, otros comentan que el presupuesto «no hará, a primera vista, que el Reino Unido sea un lugar más atractivo para invertir». Son palabras de Neil Wilson, analista jefe de mercado de Finalto, que apunta que «la clase media exprimida será la que más lo sienta», en referencia a las medidas adoptadas, como son las subidas de impuestos o los recortes a las ganancias de capital y la desgravación de dividendos.

«Ahora que los rendimientos de los bonos han vuelto a niveles más normales y que la libra se ha recuperado por completo de los mínimos registrados en septiembre, parece que, en palabras del gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, la mayor parte de la prima de riesgo derivada de los acontecimientos de septiembre ha desaparecido», comenta Michael Hewson, analista de CMC Markets. Bajo su punto de vista, «esto debería significar que un presupuesto especialmente austero no tenía por qué ser necesario, sobre todo si hace del Reino Unido un lugar menos deseable para hacer negocios», pero es lo que ha ofrecido Hunt.

Para los expertos de eToro, las medidas anunciadas por el Canciller «presionarán a unos consumidores ya en apuros e intensificarán la recesión del Reino Unido, una de las principales economías del mundo». Ahora, dicen, «la esperanza es que unas finanzas públicas más sostenibles y unas perspectivas de inflación más bajas den margen para una eventual recuperación económica más aguda».

En Oxford Economics también han puesto el acento en el hecho de que «el aplazamiento de la mayor parte del ajuste debería limitar el impacto a corto plazo en la actividad, pero plantea dudas sobre si se aplicará alguna vez«. Como dicen los estrategas de la firma británica, «el Gobierno ha optado por darse un margen de maniobra adicional ampliando el plazo de sus reglas fiscales de tres a cinco años y sustituyendo el objetivo de un superávit presupuestario actual por el objetivo menos exigente de que el endeudamiento neto del sector público sea inferior al 3% del PIB. Esto permitirá al Canciller construir un paquete en el que el impacto neto de las decisiones políticas de este año y el próximo es prácticamente nulo».

Además, inciden en que la mayor parte del endurecimiento «tendrá lugar después de las elecciones generales(previstas para enero de 2025), por lo que existen grandes interrogantes sobre su alcance». «El Gobierno espera, sin duda, que las perspectivas económicas mejoren en los próximos dos años y que esto anime a la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) a adoptar una visión más optimista de las finanzas públicas, lo que significaría que algunas de las medidas de consolidación ya no serían necesarias. Pero incluso si esas opciones acaban siendo fuertemente revisadas, los anuncios sirven para señalar a los mercados que el Reino Unido se toma en serio el mantenimiento de la disciplina fiscal«.

ORTODOXIA FISCAL

Otros analistas, sin embargo, valoran positivamente las medidas anunciadas por el Canciller británico. Es el caso de los expertos de Berenberg, que dicen que con este Presupuesto Reino Unido vuelve a la «ortodoxia fiscal» esbozando un plan de cinco años «para situar las finanzas públicas en una trayectoria estable de forma que no empeore materialmente la recesión actual». Desde la firma alemana destacan que aunque una política fiscal más restrictiva «puede limitar un poco la actividad económica a corto plazo, los hogares y las empresas se beneficiarán de una menor inflación y, a su vez, de unas condiciones financieras menos restrictivas«.

«Jeremy Hunt ha logrado un delicado equilibrio entre el apoyo económico a corto plazo –en forma de subvenciones energéticas– y la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Los recortes de gasto –la medida de corrección fiscal que más penaliza el crecimiento– parecen estar concentrados en el pasado, mientras que las subidas de impuestos se han concentrado en el futuro. Por ahora, esto es suficiente para transmitir la sensación de que el Gobierno actual se toma en serio los problemas de sostenibilidad fiscal», comentan, por su parte, los expertos de Federated Hermes.

Aunque avisan de que «no está claro si el anuncio incluye suficientes medidas para abordar el problema del bajo crecimiento del país», que podría ser «una fuente potencial de nuevas decepciones fiscales en el futuro».

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