destruir a Ayuso

Se la bautizó como la cumbre de las banderas, y en el PSOE aún se hacen cruces cuando se acuerdan de aquella reunión entre Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso en la Real Casa de Correos –sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid– el 21 de septiembre de 2020. «Fuimos nosotros quienes hicimos una rival de altura a Ayuso con nuestra torpeza», rememora un dirigente que lo ha sido casi todo en el PSOE.

Iván Redondo, entonces jefe de Gabinete del presidente del Gobierno, hizo llevar desde la Moncloa hasta Sol 22 banderas de España y de la Comunidad de Madrid para adornar la supuesta tregua entre ambos, después de meses de tensión por las restricciones adoptadas en la pandemia. Nadie sabe muy bien qué pretendía Redondo, pero fuera lo que fuese salió mal, muy mal.

Aquella escenificación de un falso armisticio marcó el inicio de una ofensiva del Gobierno de España contra una comunidad autonómica como no se había visto nunca. Apenas tres semanas después, Sánchez decretó un estado de alarma unilateral para Madrid durante 15 días, mientras el ministro Salvador Illa insistía en que detrás de la medida no había motivación política, sino simplemente la voluntad de proteger a los ciudadanos del coronavirus. En el PP de Madrid empezaron a acuñar el término «madrileñofobia».

A Sánchez y los socialistas se les fue de la mano su campaña contra Ayuso durante la pandemia

A los socialistas se les fue de las manos tanta inquina contra «Ida», como la llamaban despectivamente en privado (acrónimo de Isabel Díaz Ayuso). Cuando Sánchez ni siquiera había sido capaz de visitar el hospital de campaña de Ifema, ya no digamos el Isabel Zendal una vez que este fue inaugurado.

A comienzos de 2021 el presidente intentó convencer a Inés Arrimadas de que mordiera la manzana de una moción de censura contra Ayuso y fracasó. Y para cuando esta apretó el botón del adelanto electoral, el PSOE de Madrid ya había cavado su tumba. En realidad, se la había cavado Pedro Sánchez.

A apenas siete meses de las elecciones municipales y autonómicas, el presidente vuelve a tropezar en la misma piedra. Y en la Moncloa ya no está Iván Redondo para echarle la culpa (que ahora está más preocupado por su próxima paternidad que por los errores no forzados de su antiguo jefe y verdugo). Sánchez ha ordenado, por segunda vez, destruir a Ayuso. Y ya se sabe cómo acabó la primera: con la dirigente popular a cuatro escaños de la mayoría absoluta.

Entre los socialistas preocupa la estrategia de confrontación, casi ensañamiento, en la que Sánchez ha embarcado nuevamente al partido contra una mujer a la que desprecia y aborrece. No lo puede disimular. En el PP dicen que, en realidad, lo que le pasa es que da por perdida Madrid también en mayo de 2023 y ha empezado a dar rienda suelta a su frustración.

Pero no, no es eso. El presidente cree que el conflicto entre la presidenta madrileña y el sector sanitario es la gran oportunidad de la izquierda, si no la única, de acabar con el reinado de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid. «Esto va de política», resumió ella el jueves en la Asamblea regional, mientras recibía los zurdazos de Mónica GarcíaJuan Lobato y Alejandra Jacinto.

Sánchez abrió la veda

En 2020, la operación empezó con la famosa cumbre de las 22 banderas. En este 2022, con una intervención de Sánchez en el Congreso, el pasado 13 de octubre. Allí, durante una comparecencia para hablar del último Consejo Europeo, el presidente arremetió contra Ayuso con datos que después la Comunidad de Madrid rebatió, por «falsos»: «¿Queremos tiempos prudenciales para una prueba médica que pueda suponer la diferencia entre la vida y la muerte, o aceptamos con normalidad que a pocos metros de donde estamos debatiendo –en alusión a la sede de la Presidencia madrileña– la Administración autonómica sanitaria esté dando citas para una colonoscopia para dentro de un año?», preguntó.

Ese mismo día, en paralelo, los sindicatos Satse, Amyts, CCOO, UGT y CSIT dieron por rotas las negociaciones con la Consejería de Sanidad de Enrique Ruiz Escudero por la reorganización de las urgencias extrahospitalarias y convocaron una huelga indefinida a partir del 25 de octubre. «Esta negociación es un fracaso desde el inicio por presiones políticas ajenas a la Mesa», lamentaron en un comunicado.

El cambio de tercio

Hasta entonces, y durante semanas, la gran controversia en la Comunidad de Madrid venía siendo la responsabilidad política sobre la muerte de cientos de ancianos que no fueron trasladados de las residencias a los hospitales en lo peor de la pandemia. «Llevamos desde el inicio de la legislatura intentando que se sepa la verdad sobre las residencias», le decía ese mismo día el líder de los socialistas madrileños, Juan Lobato, a la presidenta regional en la Asamblea.

Pero en vista de que ese pozo no daba más agua, la izquierda cambió los muertos del coronavirus por los vivos. Y todo comenzó con una señal de Sánchez en el Congreso. Aunque el punto culmen –hasta ahora– fue el martes, cuando desde la mesa del Consejo de Ministros la titular de Sanidad hizo una enmienda a la totalidad de la gestión sanitaria de Ayuso. Gráficos incluidos. Después, terminada la rueda de prensa, Carolina Darias se quedó un largo rato hablando con los periodistas de cómo la Comunidad de Madrid está maniobrando para favorecer a la Sanidad privada (según ella).

¿Le saldrá bien a Sánchez esta vez o solo conseguirá que la lideresa madrileña pase de una mayoría casi absoluta a una absoluta, como la que consiguió Juanma Moreno en Andalucía el pasado junio? Ayuso es una rival que se crece en el choque y en el castigo, bien lo han aprendido los socialistas. Por eso, en el PSOE muchos ven serias lagunas en la decisión de Sánchez de insistir en una estrategia que en el pasado dejó a los socialistas como tercera fuerza regional. Por detrás de Más Madrid.

Pero los gurús monclovitas sostienen que en mayo de 2021 a Ayuso le benefició una conjunción planetaria: la pandemia, la irrupción de Pablo Iglesias y su «alerta antifascista» en las elecciones, el desplome de Ciudadanos, el hecho de que no hubiera elecciones municipales a la vez, la fatiga de un candidato como Ángel Gabilondo y el voto útil de Vox. Y aseguran que esta vez no tendrá tanta suerte.

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