Sánchez promete

o hay que vender la piel del oso antes de cazarla. Eso han debido pensar los proveedores de gas natural de España cuando han visto a Pedro Sánchez ofrecer su capacidad gasística al Gobierno alemán. Como recuerdan fuentes del sector energético a Vozpópuli, la dependencia que existe del gas que llega del ‘fracking’ de Estados Unidos o del único gasoducto activo con Argelia comprometen las promesas del presidente.

“Estados Unidos está alcanzando su techo de producción gasística, principalmente a través del controvertido fracking”, señalan las mismas fuentes conocedoras de los acuerdos de importación con España. “La crisis diplomática con Argelia, su subida de precios y el cierre de noviembre del gasoducto del Magreb reducen mucho la flexibilidad de España en este sentido, pese que tenga una gran diversificación de proveedores por su red de regasificación”, añaden.

Las grandes importaciones de gas americano generan controversia por sus técnicas de extracción. Mientras que en Europa el ‘fracking’ (la ruptura del subsuelo para extraer reservas de petróleo o gas) está prohibido desde hace más de una década, Estados Unidos basa su papel de referente en la producción de gas en este método. Una vía que tanto Alemania como España, que ahora negocian intercambiarse grandes cantidades de este gas, consideran un riesgo para el medioambiente.

El otro frente es la negociación con Argelia. España, en concreto la empresa Naturgy, está encontrando serias dificultades para alcanzar un nuevo acuerdo de suministro de gas argelino por el gasoducto del Magreb tras el cambio de opinión del Gobierno español con el Sáhara. Las expectativas son que el acuerdo se cierre en las próximas semanas con una considerable subida de precios, un problema empresarial de la primera gasística española debido a las decisiones diplomáticas de Moncloa.

Desde el sector consideran que la mejor oferta que puede hacer España a los países del centro de Europa, que tienen gran dependencia del gas ruso, es la infraestructura. Países como Austria, República Checa o la propia Alemania tendrían la posibilidad de usar sus propios proveedores e utilizar las siete plantas de regasificación de España, si se añade a la actual red la paralizada regasificadora de El Musel en Gijón, si se contara con la ansiada interconexión.

España tiene unos 60 bcm (millones de metros cúbicos, la unidad de medida para transporte de gas) de capacidad de importación de gas natural, frente a un consumo nacional anual que ronda los 33 bcm. El 99,9% se exporta. Un 69% llega por barcos metaneros que traen gas natural licuado (GNL) y un 31% a través de gasoducto.

Según el último Boletín Estadístico de Hidrocarburos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), los barcos que llegan desde Estados Unidos son responsables del 26,8% del gas que compra España en los últimos doce meses, mientras que el gasoducto argelino provee el 21,9%. La tercera vía de suministro son los metaneros con origen nigeriano, que representan un 13,1%.

Sánchez insiste en el Midcat

La reactivación del gasoducto del MidCat es una alternativa que se está considerando para aumentar los volúmenes de gas a Europa. Alemania, España y Portugal han presionado a Bruselas para que impulse un proyecto con el que Francia tiene serias dudas. El Gobierno francés va a examinar esa posibilidad porque se lo piden el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el canciller alemán, Olaf Scholz, que son «amigos». Un compromiso que es lo más cercano que ha estado Francia de dar luz verde al controvertido proyecto.

«España concentra el 30% de las capacidades de regasificación de toda Europa y no podemos utilizarlas de manera total como consecuencia de tener un cuello de botella», insistía Sánchez sobre la necesidad de acelarar sus interconexiones. «Las interconexiones energéticas de la Península Ibérica con el mercado energético europeo está por debajo del 3%, muy lejos de los compromisos que asumimos todos ante la Comisión Europea», defendía.

Si se reactiva el proyecto, las siete terminales de GNL de España, la red de GNL más grande de Europa y la única instalación de Portugal, podrían recibir este gas licuado y entregar gas al resto de Europa. Pedro Sánchez pretende que la Unión Europea financie los 100 kilómetros que faltan del gasoducto, que cifra en cerca de 600 millones de euros.

«Eso es lo que tenemos que resolver, sea por Francia o por Italia», ha dejado claro a su socio alemán. El presidente ha querido insistir ante el canciller que pone al servicio toda su capacidad para ayudar a su dependencia del gas ruso. El presidente también ha tenido que responder al tema de la crisis con Argelia, clave en su papel de ‘hub’ gasístico. «Me encantaría ser yo el que fuera a Argelia», zanjaba el propio Pedro Sánchez. Un socio con el que mantiene un choque diplomático y que será clave para un futuro acuerdo con Alemania

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