Sánchez protege a Irene

El presidente del Gobierno ha vuelto de Indonesia y su decisión ha sidoanteponer una vez más la supervivencia de la coalición de gobierno a las demandas de su partido y a las voces que exigían responder a la alarma social generada por la ley del «solo sí es sí» con una rectificación inmediata del texto legislativo aprobado por el Congreso. Una ley que está facilitando rebajas de penas y excarcelaciones a condenados por violación.

La decisión de Sánchez, y es la instrucción que ha dado Moncloa, es no atacar a la ministra de Igualdad, Irene Montero, incluso aunque en esta batalla se haya quedado sola, con poco más apoyo que el que le está dando el exvicepresidente y exsecretario general de Podemos Pablo Iglesias.

Esto no altera que una vez más el presidente se decante por el lado «podemita», aunque sea a costa de sus ministros, que conviven en un estado de guerra soterrada y de desconfianza mutua.

La exvicepresidenta Carmen Calvo fue una de las víctimas de Irene Montero, y también la sufrió en sus carnes el exministro de Justicia Juan Carlos Campo, cuando se atrevió a cuestionar en una de las reuniones del Consejo de Ministros la actividad legislativa de Igualdad.

Pero el jefe del Ejecutivo ya ha dejado claro, en polémicas menos graves que ésta, que no acepta más camino que el de blindar la coalición de gobierno, solo que ahora, aunque Moncloa prefiera mirar para otro lado, le ha surgido el problema de que Pablo Iglesias se ha convertido en el primer activista contra la coalición.

En el PSOE creen que la deriva de Podemos lleva a los «morados» por el mismo camino que Ciudadanos, el de su desaparición. Dicen que las elecciones autonómicas y municipales de mayo serán el golpe definitivo, y que esto es una amenaza electoral agravada para el proyecto del PSOE porque «Iglesias está decidido a hacer todo lo que esté en sus manos para evitar que vuelva a haber un Gobierno de izquierdas sin él con mando en el reparto».

La política del apaciguamiento por parte de Sánchez se encuentra esta vez con más resistencias internas que nunca. Y de la misma manera que Irene Montero está sola, sin más apoyo que el de Pablo Iglesias, el jefe del Ejecutivo también nada contra corriente dentro de su Gabinete en su decisión de no levantar la voz a sus socios de gobierno. No puede cesar a Montero, por el acuerdo de gobierno firmado en su investidura, pero sí tiene margen para marcar directrices y frenar los proyectos legislativos de los ministerios «morados» como presidente del Gobierno en su conjunto.

La Fiscalía ha salido ahora en su ayuda con la orden de oponerse a rebajas de condenas por delitos sexuales, pero esto no apaga el malestar creciente dentro del Gobierno con las cesiones al área de Podemos. A la cuota morada la acusan de «desleal e insolidaria», critican la «ignorancia» y la «prepotencia» de la ministra de Igualdad, y cierran filas con Justicia frente a la maniobra del ministerio de Montero para apuntar ahora contra el Departamento que dirige Pilar Llop.

El resultado es un Consejo de Ministros en el que se impone la desconfianza entre las tres partes que lo componen. La cuota socialista; el sector que controla Iglesias (Irene Montero e Ione Belarra), y la vicepresidenta Yolanda Díaz, a quien en el equipo económico (Nadia Calviño y María Jesús Montero) tampoco tienen en gran estima porque creen que «va por libre» y trabaja más para su proyecto político que para el interés general del Gobierno.

«Seguimos teniendo a Iglesias sentado en el Consejo de Ministros. Pedro lo sabe, pero hace como que no lo quiere ver, y al final esto no es un pulso entre Iglesias y Díaz, sino que el objetivo de Iglesias es la Presidencia del Gobierno y la revancha por una salida de Moncloa de la que no se explicaron algunos capítulos que dan sentido a lo que ahora está ocurriendo», señala una de las ministras del Ejecutivo de coalición.

Esta convivencia artificial dentro del Consejo de Ministros, parcelado en esas tres partes, es la que explica las deficiencias de coordinación y las carencias legislativas del Gabinete. En el núcleo duro de Moncloa quitan trascendencia a estas diferencias y se quedan con el mantra de que la legislatura está ya totalmente encauzada, una vez que se aprueben este jueves los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el próximo ejercicio.

Pero esto no tranquiliza al partido, que percibe que la pasividad de Sánchez ante los «desmadres» de Podemos perjudica a la marca y no se tapa con despliegues de política internacional, por muy cómodo que se sienta el presidente en ese terreno.

El PSOE sospecha también del nuevo proyecto mediático de Pablo Iglesias, porque en el partido están convencidos de que es otro instrumento que quiere utilizar para hacer daño a la plataforma de Yolanda Díaz y a Sánchez. Algunos de los barones llevan tiempo advirtiendo de que fiar la suerte del PSOE a dar aire a la vicepresidenta del Gobierno era un error porque solo les exponía más ante las urnas. Pero a estas alturas esta apuesta no tiene marcha atrás de aquí a las generales del año que viene.

Sánchez protege a Irene

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