Scholz y Sanchez en Berlin

Alemania quería dar relevancia a su simbólica invitación a Pedro Sánchez este martes en el Palacio de Meseberg, a 70 kilómetros de Berlín. Y por eso, Moncloa había decidido mantenerlo en secreto hasta que el Gobierno de Olaf Scholz lo contara el pasado viernes de manera oficial. Porque se trata de una invitación especial, en la que Sánchez será recibido por el canciller y sus quince ministros, nada que ver con una bilateral al uso. De hecho, el único precedente de una invitación similar desde Berlín -con el Gobierno en pleno- fue la que Alemania hizo a las primeras ministras sueca y finlandesa como gesto de apoyo a su solicitud de entrar en la UE. El motivo ahora, es la necesidad de gas por parte de Alemania y la posibilidad que tiene España de distribuirlo.

Pero.. durante la gira del presidente por varios países de Latinoamérica, la información trascendió y finalmente Sánchez acabó admitiendo su visita en una conversación informal con periodistas. A ellos les aseguró que será una visita de esas de las que España podrá sentirse «muy orgullosa». 

Y es que a él, el encuentro le hace ganar peso y dimensión internacionales. Alemania, la principal potencia económica europea confía en el presidente español para hacer palanca y conseguir que Emmanuel Macron ceda y dé su visto bueno a un gasoducto español que atraviese el territorio francés. 

«Es un sueño que se va cumplir», aseguraba un Sánchez seguro de sí mismo durante esa conversación con los informadores en referencia al gasoducto que puede aliviar el duro invierno que espera Alemania, el país europeo más dependiente del gas ruso, ante la amenaza del presidente ruso, Vladimir Putin, de cortar el grifo. 

Y ahí, la potencia regasificadora de España hacia sus vecinos europeos convierte a Sánchez en el hombre clave para Alemania, sobre todo con la otra potencia económica del continente, Francia, negándose al gasoducto. 

La oposición de Macron

El presidente de Francia ya ha señalado a Italia como el socio realmente importante para el suministro de gas a Europa, porque asegura que el gasoducto español, el Midcat, no llegaría a tiempo de resolver la actual crisis energética. 

El Midcat es un ya iniciado y paralizado que pasa por Cataluña y que, desde Hostalric (Girona), podría atravesar Francia para llevar gas a Europa Central. 

Según la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, la parte española podría estar lista en ocho o nueve meses. Pero Macron le ha puesto muchos peros y lo ha definido como caro y lento de construir. 

En España, ahora mismo, hay seis plantas regasificadoras y dos túneles, uno por el país Vasco (a través de Biriatou) y otro por Navarra (vía Larrau). Ambos funcionan al 100% de su capacidad, pero el Midcat doblaría la capacidad de enviar el doble de gas. 

Sin embargo, a los costes y los plazos, Macron añade otra pega: el medio ambiente, que a su juicio se vería perjudicado por la construcción de una infraestructura permanente en plena transición hacia la neutralidad del carbono. 

Los problemas de España con Argelia se sumaron a esas reticencias francesas y Macron empezó a dar preferencia a Italia como país para suministrar gas a Europa. Pero el socialdemócrata Scholz prefiere el gasoducto español y este martes se conjura con Sánchez para torcer la voluntad de Macron. 

La reunión del Ejecutivo alemán en el palacio de Meseberg durará dos días -Sánchez asistirá a la primera jornada-. La sintonía entre ellos ya era buena en un continente donde dominan los líderes conservadores. Pero ahora esos lazos se fortalecen. Además, Sánchez ya ha dicho que tiene planes para convencer a Macron y ha señalado que tiene el visto bueno de la Comisión Europea, y que contaría con financiación de la UE. 

Plan B

Aún así, el Gobierno español tiene un plan B, del que la Comisión está al tanto. Pasaría por conectar España con Italia. Esa conexión sería marítima y uniría la planta regasificadora de Barcelona con Livorno, en Italia, para después redistribuir la energía hacia Europa.

El problema, según se admite en el Gobierno es que esa vía no tiene aún un plan de viabilidad hecho. 

Lo que es un hecho es que Europa necesita conseguir gas del norte de África y eliminar la dependencia de la Rusia de Vladimir Putin. Pero la división de opiniones en en el eje francoalemán, ralentiza la solución mientras la llegada del invierno se acerca. 

Para Sánchez, que ha comenzado este año electoral con una intensa agenda internacional, el encuentro de este martes, y la importancia que le da Alemania es un tanto que se anota tras la organización de una cumbre de la OTAN «impecable» según todos los líderes participantes. Le ayuda a reforzar su marca de líder europeo importante en un momento en que Europa necesita capacidad de respuesta frente a la invasión rusa sobre Ucrania.

El palacio de Meseberg

Situado junto al lago Huwenow, el palacio de Meseberg no es propiedad del Gobierno de Alemania, sino de la Fundación Messerschmitt, una famosa empresa aeronáutica alemana, que produjo aviones de caza durante la Segunda Guerra Mundial. 

Pero el Gobierno federal lo tiene alquilado y lo utiliza para recibir a líderes internacionales en visita oficial, celebrar cumbres o también conferencias. Es decir, es el lugar de «las ocasiones especiales» y la casa de huéspedes de los dirigentes extranjeros. 

Tras la reunión del Gabinete, se espera que Sánchez y Scholz den un paseo por los jardines del palacio y que después comparezcan ante los periodistas, donde hablarán de su postura y de su alianza, antes de la cumbre bilateral que ambos celebrarán en octubre en Madrid.

Pedro Sánchez no será el primer presidente español que visite este palacio, que ya fue el escenario de un encuentro en 2015 entre Mariano Rajoy y Angela Merkel, los dos líderes conservadores con buena relación y cuyo testigo recogen Sánchez y Scholz en una era totalmente distinta.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí