mundial de Catar

Con las luces navideñas a punto de encenderse y las sombras en torno al país anfitrión, comienza a rodar la pelota en el Mundial más atípico de la historia del fútbol. Catar 2022. El Mundial del otoño, los petrodólares y la controversia. El primero que no se celebra en verano (para evitar temperaturas que superarían los 50 grados) y que obliga a modificar el calendario de las grandes ligas europeas. El primero también que acoge un país de Oriente Medio, uno de los más ricos del mundo, con menos de tres millones de habitantes y una extensión que supera levemente a la región de Murcia. 

Pero también el «Mundial de la vergüenza», como lo han calificado organizaciones de derechos humanos por sus abusos. Como el oscurantismo en el número de muertes de trabajadores migrantes durante la construcción de sofisticados estadios; la discriminación que sufre la mujer o la persecución a los homosexuales con penas de hasta siete años de cárcel. El embajador del Mundial, el catarí Khalid Salman, no ha dudado en afirmar que la homosexualidad es «un daño mental». Como protesta ante esta situación, los capitanes de al menos siete de las 32 selecciones participantes han decidido llevar un brazalete con los colores de bandera LGBT.

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Este es además el Mundial de las restricciones. El país musulmán ha prohibido, por ejemplo, la venta de cerveza en los alrededores de los ocho estadios de diseño futurista en los que se disputa la Copa. Lo anunció hace tan solo dos días, cambiando las normas previamente pactadas, ante el asombro de marcas patrocinadoras y aficionados. El consumo de alcohol en público está muy restringido en este país del golfo Pérsico y solo se permite en hoteles y fan zones.

Los periodistas extranjeros también se han topado con sorpresas (no hay que olvidar que Catar ocupa el puesto 119 de 180 en el ranking mundial sobre libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras). Esta semana, un periodista danés, Rasmus Tantholdtfue obligado por las fuerzas de seguridad a detener un directo en una plaza de Doha. «Si no cortas, te rompemos la cámara», le amenazaron. «Habéis invitado al mundo entero a venir aquí. ¿Por qué no podemos grabar?Es un lugar público», contestó él atónito. Después, la organización del Mundial, le pidió perdón. 

En este contexto, en los días previos al inicio del mayor evento futbolístico del mundo, los medios internacionales se han hecho eco de las normas de comportamiento (desde códigos de vestimenta a actitudes en público) que deberían seguir los aficionados para evitar problemas.

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Dos personas observan el ‘skyline’ de Doha (Catar).Francois Nel/Getty

Voces críticas denuncian la campaña de lavado de imagen de Catar con este gran evento deportivo. Pero, sometido a escrutinio, ¿puede quedar más expuesto? No han faltado llamamientos al boicot de un torneo que fue concedido hace 12 años bajo la sospecha de sobornos y corrupción en la Federación Internacional de Fútbol (FIFA). La asignación del Mundial a este pequeño país sin tradición futbolística ni estadios (se construyeron después) desató el escándalo; Catar se impuso a países como Estados Unidos, que posteriormente impulsó una investigación sobre esa concesión.

Ante las polémicas, la FIFA pide ahora «centrarse en el fútbol» para que este «no se vea arrastrado por batallas ideológicas o políticas».

El emir Hamad bin Jalifa Al Thani (padre del actual) es el artífice de que el torneo recalara en el país. Su hijo, el jeque Tamim bin Hamad al Thani, que le sucedió en 2013 y tiene tres esposas, ha calificado las acusaciones contra Catar de «falsas y producto de una doble moral” en «una campaña sin precedentes” contra una sede de un Mundial.

Explotación y muerte en la construcción de estadios

Organizaciones defensoras de los derechos humanos denuncian los abusos sufridos por los trabajadores migrantes en la construcción de los estadios y la ausencia de cifras oficiales transparentes sobre el número de muertes. Al no disponer de mano de obra local, las autoridades la importaron (mayoritariamente de Bangladesh, India y Nepal). Los obreros fueron sometidos a extensas jornadas laborales bajo un calor sofocante en «condiciones esclavistas»

  • Más de 6.500 trabajadores migrantes habrían fallecido durante la construcción de las infraestructuras del Mundial desde su asignación en 2010, según una investigación del periódico británico The Guardian.
  • Catar solo reconoce tres muertes en las zonas de construcción y otras 37 fuera de ellas. Datos que contrastan con las altas cifras que estiman las organizaciones humanitarias. 
  • Al menos 100.000 obreros han sufrido abusos laborales, según Amnistía Nacional.
  • Human Rights Watch (HRW) afirma que las autoridades no han investigado los motivos de la muerte de miles de trabajadores y que atribuyen muchas de ellas a «causas naturales», por lo que las familias no tienen derecho a compensación. En este sentido, varios técnicos y federaciones han respaldado los llamamientos para crear un fondo de compensación destinado a esas familias.

Las organizaciones de derechos humanos denuncian que sigue existiendo en el país el sistema de la Kafala, pese a que las autoridades cataríes se habían comprometido a acabar con él. Se trata de un sistema laboral de patrocinio a trabajadores migrantes no cualificados (especialmente de la construcción y el servicio doméstico) que se considera una forma de esclavitud encubierta; y deja a estos empleados sin los derechos más básicos y en una situación de total indefensión legal. 

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Vista exterior del Estadio Lusail, en Doha (Catar).China News Service/Getty

Mujeres desprotegidas y sometidas a la tutela masculina

Un informe de Human Rights Watch de 2021 incide en que existe en Catar un sistema de «profunda discriminación» contra las mujeres. Estas necesitan muchas veces el permiso de un hombre (marido u otro familiar) para tomar decisiones.

  • Sistema de tutela masculina. Las mujeres dependen, en muchos casos, de ese permiso para viajar al extranjero, continuar sus estudios, casarse o tomar decisiones sobre sus propios hijos, según denuncian HRW y Amnistía Internacional.
  • Las mujeres no pueden ejercer como tutoras legales de sus hijos, incluso si están divorciadas y los tienen a su cargo o si el padre ha fallecido. Si el menor no tiene un pariente varón, el Gobierno asume ese papel de tutor.
  • Una mujer puede ser considerada «desobediente» si se niega a tener relaciones sexuales con su marido sin una razón «legítima».
  • Cárcel por mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio aplicada a víctimas de violación. El Código Penal del país establece hasta siete años de cárcel por mantener relaciones fuera del matrimonio. HRW explica que este se aplica de manera desproporcionada a mujeres que han denunciado una violación. Su informe revela que la policía a menudo «no cree a las mujeres que denuncian, sino a los hombres que afirman que fue consensuado» y que «cualquier evidencia de que una mujer conocía al agresor masculino ha sido suficiente para enjuiciarla».
  • Los hombres tienen derecho unilateral al divorcio, pero no las mujeres que deben pedirlo ante los tribunales y por motivos específicos. Si consiguen ese divorcio, el Estado les retira la potestad sobre sus hijos.
  • Los hombres pueden tener hasta cuatro esposas a la vez sin el permiso de sus otras mujeres.
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Mujeres pasan delante de unos de los estadios en las que se juega la Copa del Mundo de fútbol en Doha (Catar).Matthew Ashton-AMA/Getty

La homosexualidad, un ‘delito’ penado con la cárcel

Catar es uno de los 70 países del mundo que penaliza las relaciones entre personas del mismo sexo. Según su Código Penal, la «sodomía» o el «libertinaje» puede pagarse con hasta siete años de prisión. Jalid Salman, embajador del Mundial 2022, ha recordado que la homosexualidad está prohibida. «Si aceptan venir aquí tendrán que aceptar nuestras reglas», ha dicho a la cadena alemana ZDF.

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Seguidores de la selección argentina de fútbol en Doha (Catar).Robbie Jay Barratt-AMA/Getty

Human Rights Watch ha denunciado que, a finales de octubre, miembros de la comunidad LGBTQ+ de Catar fueron arrestados y maltratados físicamente.

La sombra de la corrupción

«La elección de Catar fue un error». Esa sentencia ha vuelto a pronunciarla recientemente el suizo Joseph Blatter, quien era presidente de la FIFA cuando, el 2 de diciembre de 2010, el pequeño país del golfo Pérsico se llevó este Mundial. El escándalo por las presuntas irregularidades y sobornos a miembros de la Federación Internacional de Fútbol ha salpicado durante estos 12 años esa adjudicación.

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El entonces emir de Catar, Hamad bin Jalifa Al Than; la jequesa Mozah bint Nasser Al Missned y el entonces presidente de la FIFA, Joseph Battler, en Zurich (Suiza), el 2 de diciembre de 2010.Laurence Griffiths/Getty

En esta trama de ambición y dinero han jugado actores diversos. Nueve días antes de la votación, se celebró un encuentro en el Elíseo en el que el mandatario francés, Nicolas Sarkozy, recibió al exjugador y entonces presidente de la UEFA Michel Platini; al actual emir de Catar, Tamin Hamad Al Thani (entonces, primer ministro) y a Sébastien Bazin, propietario en aquel momento del parisino club de fútbol PSG (que poco después fue comprado por un fondo catarí). Aquella reunión fue el origen de lo que la revista francesa France Football bautizó como el Qatargate.

Catar se impuso en la votación a las candidaturas de Australia, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos, país este último que se consideraba favorito. El expresidente Bill Clinton había viajado a Zurich para asistir a la designación convencido de la victoria. Tras otorgarse el Mundial de 2018 a Rusia, el escenario previsible era el de 2022 para Estados Unidos. La organización norteamericana lo vivió como una gran humillación. Abierta la herida, la justicia estadounidense y el FBI entrarían más tarde en escena con una investigación contra varios directivos de la FIFA y otras personas, arrestos incluidos, por causas relacionadas con la corrupción. 

Para tratar de zanjar la controversia sobre la designación de Catar como sede, la FIFA llevó a cabo una investigación interna que quedó en nada; concluyó que no había habido venta de votos, aunque sí una «conducta potencialmente problemática». El juego ha comenzado, ¿tarjeta roja para Catar?

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