Sánchez claudica

La hemeroteca ha hecho mucho daño a Pedro Sánchez. Los archivos de las teles de media España acumulan vídeos de todo pelaje y condición en los que el presidente del Gobierno dice una cosa y la contraria, a veces con apenas unas horas de diferencia. Eso ha provocado que se haya ganado una merecida fama de político poco fiable y cuya palabra no vale casi nada. Lo saben de primera mano gentes tan variopintas como Susana Díaz, Mariano Rajoy, Albert Rivera, Ana Oramas, Inés Arrimadas, Pablo Casado, Alberto Núñez Feijóo…

Sin embargo, hay unos cuantos con los que Sánchez siempre cumple: los independentistas catalanes. A ellos les prometió dos cosas cuando contribuyeron de manera decisiva a elevarlo a los altares: los indultos a los líderes del ‘procés’ y la derogación del delito de sedición por el que habían sido castigados. Y ahí está el presidente del Gobierno, cumpliendo la palabra dada sin importarle las consecuencias de sus decisiones, tanto para España como para su propio partido.

El indulto llegó rápido, pero la sedición quedaba pendiente. El pasado 27 de julio, el Gobierno se comprometió con la Generalitat de Cataluña a reformar el Código Penal antes del 31 de diciembre de este año. Dicho y hecho. Este viernes 11 de noviembre los dos partidos que forman el Ejecutivo, PSOE y Podemos, introducirán una proposición en el Congreso de los Diputados para iniciar el desmantelamiento de la figura de la sedición.

Se ha elegido esa solución, en vez de impulsar el cambio legal desde el Consejo de Ministros, para poder hacerlo de manera exprés en pocas semanas y ahorrarse de paso los enojosos informes del Consejo General del Poder Judicial y del Consejo de Estado, que no tiene pinta de que fueran a ser muy partidarios de la reforma.

«Es realmente desconcertante que un presidente de España cumpla a rajatabla con lo que le piden los enemigos del Estado»

La derogación de la sedición, que el Gobierno dice impulsar en aras de una supuesta homologación europea que los datos desmienten, se hace por tres motivos: 1) los fugados tendrán más fácil su regreso a España porque se les podrán aplicar penas menores; 2) los condenados que fueron indultados verán eliminada su inhabilitación para desempeñar cargo público, por lo que podrán presentarse a las elecciones, por ejemplo Oriol Junqueras a las autonómicas; y 3) los independentistas podrán volver a dar un golpe como el de octubre de 2017 con la certeza de que esta vez las condenas, si las hubiera, serían menores.

Se puede discrepar acerca de si conviene o no indultar a los condenados por el ‘procés’ para rebajar la tensión en Cataluña, pero es muy difícil de justificar que un Gobierno democrático impulse una rebaja del Código Penal a petición de unos delincuentes. Es realmente desconcertante que un presidente de España cumpla a rajatabla con lo que le piden los enemigos del Estado aún a sabiendas del enorme coste electoral que sus decisiones tienen para el PSOE. Si los indultos fueron la tumba de Juan Espadas en Andalucía, todo hace indicar que ahora la sedición terminará por hundir las pocas esperanzas que albergaban los Page, Lambán, Vara y compañía.

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