ministros abrasados

El primer Consejo de Ministros tras la temporada estival será un oficio de pre-difuntos. Algunos de los allí presentes son conscientes de que tienen los días contados. Este 23 de agosto Pedro Sánchez retoma su actividad oficial, tras veinte días de reposo estival, con la mirada puesta en sus crecientes problemas demoscópicos, en la implacable crisis económica y en la decisiva cita electoral de mayo. Este martes, en La Palma, rompió su retiro para posar con un puñado de lava en la mano y arremeter contra los medios que anuncian crisis de Gobierno. «Intoxicaciones», dijo. Días antes de repescar a Patxi López y colocar a Pilar Alegría al frente de las portavocías del PSOE en Congreso y Ferraz, Sánchez también negó cambio alguno en los puestos clave de su partido. «Estoy muy orgulloso de mi equipo», dijo entonces. Y acto seguido, aferró la guadaña y segó tres cabezas. La semana próxima, tras la reunión del Gabinete, desaparecerá otros cinco días y, a la vuelta, empezará a comunicar los ceses. Sin anuncios previos ni filtraciones. De un golpe y sin anestesia, a su estilo.

La inflación, tenaz pesadilla que congela el aliento de la opinión pública, es asunto que el equipo de Nadia Calviño afronta sin demasiada habilidad. La poderosa viceministra se encomienda al comodín de Putin y trastea con escasa solvencia un par de sortilegios con los que tan sólo alcanzará un resultado más bien raquítico, esto es, pasar a final de año del 10,8 actual al entorno del 7,5 si la suerte acompaña. Más que desplegar estrategias, en el departamento de Calviño cruzan los dedos a la espera de que la fortuna se ponga de su lado y de que Bruselas se apiade de su impotente voluntarismo. 

La cita electoral de mayo, con renovación de decisivos gobiernos autonómicos y ayuntamientos, llega condicionada por el bolsillo. Las encuestas anuncian resultados muy negativos para los socialistas drásticas derrotas en plazas muy significadas. De ahí que el presidente del Gobierno escrute estos días sus cartas y prepare cambios importantes en las cabezas de cartel. Básicamente, la jugada consiste en trasladar a ministros inoperantes o abúlicos a las listas de los comicios locales en sus respectivas demarcaciones, donde se supone que el relumbrón por haber integrado el Gabinete de Sánchez aporta algún valor añadido..

Darias, que apenas ha cosechado relevancia alguna a su paso por Madrid, donde buscaba especialmente no llamar la atención y no evitar errores, ha mostrado estar dispuesta a presentarse a la alcaldía de Las Palmas

Carolina Darias, ministra de Sanidad, que tuvo el acierto de desalojar de la primera línea de su estructura a Fernando Simón, y encapsuló su gestión de la pandemia en un bloqueo informativo intemperante pero eficaz, es candidata a mudar de cargo. Ha emergido indemne de su cometido sanitario sin haber consumado una labor meritoria. Parece ya decidido que encabezará las listas al Ayuntamiento de Las Palmas, en un efecto revulsivo sobre la declinante imagen de su formación en las islas, tras la manifiesta ineptitud demostrada con ocasión de la tragedia del volcán de La Palma. Darias, que apenas ha cosechado relevancia alguna a su paso por Madrid, donde buscaba especialmente no llamar la atención, ha insinuado estar dispuesta a suceder a Augusto Hidalgo, si las urnas lo permiten, al frente del Consistorio. 

La valoración de Iceta, por otra parte, es casi una burla puesto que apenas ha sido capaz de aprovechar las posibilidades del departamento de Cultura y Deportes, diseñado para el lucimiento y brillo de su titular

La obsesión de Sánchez se centra ahora en evitar la imagen del mapa teñido de azul tras los comicios autonómicos y municipales. Moverá las fichas necesarias para escapar de la hecatombe. En las quinielas aparece un ramillete ministros que, como Darias, será lanzado al combate para mantener o conseguir una alcaldía. Apenas alguno de ellos está feliz con ese destino que el magnánimo cesarín del Falcon les depara. Miquel Iceta, por ejemplo, está ya colocado en la rampa de lanzamiento para desalojar a Ada Colau del Saló de Cent barcelonés, pese a que sus aspiraciones siempre han tenido la presidencia de la Generalitat como objetivo. La valoración de Iceta, por otra parte, es casi una burla puesto que apenas ha sido capaz de aprovechar las posibilidades de un departamento como el de Cultura y Deportes, diseñado para el lucimiento y la exhibición de su titular. Ejemplo palmario de su torpeza ha sido ha sido ese bono cultural de 400 euros a los menores de 30 años que, trascurrido casi un año desde su anuncio, apenas ha logrado siquiera ponerse en marcha.

La prácticamente ignota Diana Morant, a cargo de la cartera de Ciencia, será regurgitada a su Levante natural con la pretensión de mantener la alcaldía valenciana en las manos del progreso. Morant, que apenas es capaz de hilvanar dos frases de corrido mientras mantiene enhiesto el equilibrio de su flequillo, procede de la alcaldía de Gandía y su destino es suceder a Joan Ribó en el sillón municipal. Ribó es cuota de Compromís, partido que cayó en desgracia a causa del escándalo de las menores abusadas en un centro de acogida bajo los cuidados de Mónica Oltra, entonces vicepresidenta y relevante ejemplar del esperpento de la política. El actual primer edil es un tipo mal encarado, egocéntrico, vanidoso, que se enfrenta, sin modales ni respeto, a los ciudadanos cuando le reprochan que ha abarrotado la ciudad con plazas duras y otros espantos. El PP quiere recuperar Valencia, plaza simbólica de los mítines potentes de la formación, escenario de episodios gloriosos en tiempos de Aznar y de Rajoy.

Robles está en horas bajas. El escándalo del relevo en el CNI ha dinamitado su respetado perfil de independencia insobornable. Ahora en las Fuerzas Armadas la miran con recelo y hasta desprecio

Hay más ministros en danza, más carteras que perderán su dueño. La clave de la próxima degollina pasa por Madrid. Sánchez quiere apoderarse de la capital del Estado. No logró desalojar a Isabel Díaz Ayuso, pese a tantas trampas, zancadillas y maldades, y busca una fórmula para hacerse con el palacio de la Cibeles, ahora a las órdenes de José Luis Martínez-Almeida. Madrid es pieza habitual en todo tipo de apuestas y quinielas. Margarita Robles, pese a sus enérgicas negativas, vuelve a sonar con cierto brío. Está en horas bajas. El escándalo del CNI dinamitó su respetado perfil de independencia insobornable. Ahora en las Fuerzas Armadas se la valora a la baja. Fernando Grande Marlaska también figura entre los ministros con posibilidades de que le den la boleta rumbo a la lucha por la alcaldía madrileña. Marlaska es posiblemente el ministro más repudiado por la opinión pública, al decir de los sondeos. Su deshonrosa gestión como responsable en el traslado de los sanguinarios criminales de ETA a las cárceles del País Vasco, gestionadas por lo el PNV , por lo tanto, con bula para vivir como pachás, ha salpicado sus credenciales de antaño con la mancha de la inmundicia.

El supermayo será la primera vuelta de las generales, si es que Sánchez no se decide a alterar el calendario. De ahí su importancia, de ahí el baile de nombres que ya prepara. Su problema es que Feijóo sube y Sánchez, sus corbatas, su apagones y sus Falcon y cotizan a la baja. El PP, aventuran los demóspocos, se impondrá no solo en los consistorios de Madrid y Valencia sino que recuperará regiones de peso como Extremadura, Castilla la Mancha, Rioja, Cantabria y hasta Navarra. El mandarían monclovita está muy preocupado. Su vida como presidente, esa ardua colección de mezquindades, ya está camino de la extinción.

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