circo en euskera

El de Jenga es un entretenimiento traicionero. Hay una torre compuesta de 54 bloques y los jugadores deben extraer uno a uno con suma delicadeza. La partida la pierde quien derriba la estructura, que se debilita poco a poco mientras los participantes sacan las piezas. Hay cierto terror psicológico en el Jenga. Cualquier movimiento puede hacer colapsar la atalaya. ¿Cuál será la pieza que provocará el derrumbamiento de España?

Pedro Sánchez tiene en su despacho una torre de Jenga. La mira todos los días pensativo y extrae una pieza cada vez que observa un peligro a su alrededor. Desde que llegó a la presidencia del Gobierno ha tocado unos cuantos bloques con el imprudente atrevimiento con el que los niños palmean los castillos de arena. En el último paralelepípedo que ha tocado figura una inscripción: “250.000 euros para la promoción del circo en euskera”. Eso mismo lo acaba de pactar con Bildu para que apoye su proyecto de Presupuestos Generales del Estado.

A su lado hay una pieza en cuyo anverso se encuentra la frase: “delito de sedición”. En el reverso, dice: “sólo sí es sí”; y en uno de sus lados, rectangular, aparece la palabra “malversación”. En otras de las fichas que se han extraído de la torre, se citan términos como “indultados independentistas” y “Juana Rivas”. En otra, hay una oración tachada. La pronunció Sánchez durante la última campaña electoral y afirmaba: “No dormiría tranquilo con militantes de Podemos en el Consejo de Ministros”. El borrón es tan espeso que es necesario afinar mucho la vista para distinguir esa frase. Tanto, que Àngels Barceló no la ha podido distinguir.

Algunas veces, mientras el presidente reflexiona sobre la fama, inspirado por la brisa que sopla desde la cúspide, piensa en lo afortunado que es por haber alcanzado esa posición privilegiada. Y concluye que se debe a su espíritu “resiliente” y “astuto”. Después, empuja otra pieza y piensa en que los triunfos no han de estar respaldados por el espíritu constructivo. La supervivencia obliga, en ocasiones, a traicionar los propios principios y esconder algún cadáver en el armario.

La España debilitada

Sucede en ocasiones que la torre se tambalea y parece que va a desplomarse. Sobre todo, cuando Sánchez agarra un bloque de la parte inferior y lo recoloca en la superior –cosa normal en Jenga- sin excesiva delicadeza, lo que sobrecarga los debilitados cimientos de la torre española. Este fenómeno se produce, por ejemplo, cuando se aplaza la resolución de problemas como los relacionados con el sistema de pensiones, con la deuda pública o con el mercado laboral. Es decir, los que requieren soluciones impopulares que suelen servir para salvar economías, pero con las que se pierden votos.

El presidente no parece especialmente preocupado por la posibilidad de que todo se venga abajo. Es un buen jugador de Jenga y aplaude cada vez que mueve un bloque y el armazón no se desequilibra. Desde su posición, debería preocuparse por reforzar los cimientos de esa estructura. Nada más lejos de la realidad: Sánchez celebra su fortuna y su capacidad para cargar todo un país sobre unos pilotes del tamaño de un mondadientes.

Resulta difícil solucionar esta situación porque los diferentes gobiernos democráticos españoles han demostrado una singular afición por el Jenga. Sus extracciones y encajes de piezas han implicado la cesión de competencias, la creación de organismos e instituciones insostenibles y el reparto de puestos en empresas públicas, público-privadas y privadas. También han provocado falsos milagros como el del AVE; o la configuración de cárteles político-empresariales que han causado el mismo efecto que la aluminosis en los bloques de Jenga.

La España contemporánea es una estructura tambaleante y asimétrica. Es un país convertido en una especie de Torre de Babel con un diseño cada vez más ecléctico y endeble. Este fenómeno queda especialmente al descubierto en tiempos de dificultad, cuando se requiere una reforma de los cimientos y una recomposición de los pilotes, pero, sin embargo, se opta por conceder a Bildu 1 millón de euros para la digitalización de las radios en euskera.

Es evidente que, así, tarde o temprano todo se derrumbará. Será entonces cuando todo caiga sobre los ciudadanos. A los arquitectos de ese proyecto no les rozarán los cascotes. Los abertzales que adoctrinen con circos y teatrillos en vascuence, y emitan consignas radicales a través de la radio digital, quizás piensen entonces en que la ideología no curará las fracturas que les ocasione el derribo.

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