Tú a Argelia

En tres días Pedro Sánchez ha visitado tres países: Colombia, Ecuador y Honduras. En tres días Emmanuel Macron ha visitado un solo país: Argelia. De todas las torpezas e incompetencias acumuladas por Sánchez en su etapa de gobierno probablemente una de las más graves ha sido haber dinamitado nuestras relaciones con Argelia en el momento de mayor incertidumbre en los mercados energéticos globales. Donde antes teníamos un proveedor de gas estable ahora tenemos a un vecino cabreado y dispuesto a atender a otros clientes. Esa es la diferencia entre los buenos y los malos gobernantes. Los buenos reaccionan con solvencia a situaciones no previstas, como la pandemia o esta crisis energética. Los malos gestionan torpemente esas mismas circunstancias o las agravan generando problemas añadidos como Sánchez con sus bandazos diplomáticos en el Magreb.

Macron ha viajado a Argelia, como antes lo hizo Mario Draghi, para buscar acuerdos que le permitan diversificar y garantizar el suministro energético de su país. Francia tiene muchas centrales nucleares, pero mira de reojo el gas argelino. Japón ha decidido retomar su programa nuclear, abandonado tras Fukushima; Alemania hace tiempo que ya lo ha anunciado, al igual que Reino Unido. Y en todo el mundo se está quemando carbón excepto aquí. Todos estos gobiernos están imponiendo severas medidas de ahorro a los ciudadanos, pero además hacen todo lo posible por buscar nuevas fuentes de energía que permitan aliviar cuando antes las penurias que se avecinan. ¿Ustedes han escuchado a alguno de los ministros del Gobierno, que se dan codazos por salir en la tele insultando a Feijóo, decir una sola palabra sobre el asunto?

Las energías renovables son buenas y algunas muy rentables, pero no bastan para garantizar el suministro de sociedades avanzadas como la nuestra. Por eso necesitamos otras fuentes y ninguna debe ser descartada por motivos ideológicos. Aunque mañana acabara milagrosamente la guerra en Ucrania sería suicida volver en manos de Putin y su gas la seguridad energética de Europa.

Pero con esto de la energía, a nuestra izquierda le pasa lo mismo que con la riqueza. Se preocupa exclusivamente de repartirla, no de generarla. Y así, a base de impuestos, acaba por asfixiar el crecimiento y empobreciendo a quienes dice defender. Ante la mayor crisis energética de los últimos años el Gobierno de España solo habla de apagar escaparates, de un gasoducto de quita y pon o de corbatas de quita y pon.

Pero de un gobierno se espera mucho más; se esperan soluciones y ejemplaridad. El gobierno más derrochador y elefantiásico de la historia carece de autoridad moral para decirle a los ciudadanos que se preparen para pasar frío el próximo invierno. En cuanto a las soluciones, ya sabemos gracias a El Debate, lo que nos cuesta la ocurrencia del tope del gas: 30 euros de sobrecoste en un recibo de 60.

 La súbita conversión

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