Los garamendis

Existe una vasta corriente de fondo en la que se da por supuesto que el Gobierno de Pedro Sánchez saldrá tan destruido de la inflación y la crisis energética que el señor Feijóo sólo tiene que sentarse en su portal a esperar que pase el cadáver político del líder socialista a hombros de Pablo Iglesias, Arnaldo Otegi, Oriol Junqueras y Aitor Esteban, el del PNV. Las encuestas, que son los nuevos churros, serían la prueba empírica de que lo único que tiene que hacer el líder del PP es no hacer nada. Los analistas que sustentan esta recomendación se remiten al precedente de Mariano Rajoy, que alcanzó el poder a lomos del Zapatero más inane frente a la última crisis.

La estrategia del PP es muy arriesgada. Todo conspira a favor de un desastre económico mayúsculo y agudizado por la incompetencia del Gobierno. Ministras como Nadia Calviño o Teresa Ribera han dado pruebas más que sobradas de su falta de capacitación, sólo comparable con la que exhiben Yolanda Díaz, Irene Montero o Alberto Garzón. Los decretos del Ejecutivo, tanto en tiempos de pandemia como tras la invasión rusa de Ucrania, han sido remedios peores que la enfermedad. Pero han tenido y tendrán un coste cero para Sánchez y sus socios. Y si las «masas» salen a la calle en las próximas semanas, no será contra ellos, sino contra las patronales, las compañías energéticas, los bancos y la derecha.

No es gratuito que Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno de Sánchez, haya señalado este mismo lunes a los empresarios al decir que «la patronal española no está a la altura de su país». Es el segundo respaldo explícito a las manifestaciones y huelgas con las que amenazan los sindicatos UGT y Comisiones Obreras si los sueldos no suben lo mismo que la inflación, por encima de los dos dígitos y en progreso.

Los mismos sindicatos que desaparecieron de escena nada más tomar el poder Pedro Sánchez son los que ahora se disponen a calentar el otoño e incendiar el invierno. Y el objetivo no es el Gobierno que trae paro, inflación y miseria, sino la patronal, encarnada por ese presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi, que ha aplaudido con las orejas todas las calamidades perpetradas por Yolanda Díaz y hasta el indulto a los golpistas catalanes que hundieron la economía de la región y causaron un éxodo empresarial sin precedentes. Pero es que los representantes de la patronal y de las grandes empresas esperaban una especie de maná controlado por el Gobierno basado en unos supuestos fondos europeospara luchar contra las consecuencias económicas del coronavirus. ¿Pero dónde están todos esos miles de millones de euros? Es una auténtica incógnita.

Los empresarios y las empresas están en el punto de mira del Gobierno y contra ellos van a voltear el descontento social convenientemente encauzado y atizado por los llamados sindicatos de clase. Es el Ejecutivo, como viene anunciado, quien va a tomar las calles con el apoyo de sus peones sindicales, no las familias asfixiadas por los recibos, los autónomos arruinados o la legión de nuevos parados. Lo que van a asaltar todos ellos como mucho son las colas del hambre.

Las tragedias económicas no siempre son el anticipo de cambios de gobiernos y de recetas. Muchas veces apuntalan gobiernos en derivas autoritarias y antieconómicas, como ha pasado en tantos países de Hispanoamérica. Y eso es lo que viene, las yolandas contras los garamendis, escraches contra todos los empresarios, grandes, pequeños y medianos, contra los autónomos que contratan personal y contra los gobiernos regionales de PP y Vox. Pero ocurre que es muy probable que el señor Garamendi, con el apoyo del catalán Sánchez Llibre y sus correspondientes andaluz y gallego, estén preparando a estas horas el comunicado de apoyo al indulto de Griñán mientras fomentan y promocionan el afilado de la guillotina que les cortará las cabezas como culpables de la inflación, la invasión y las cartillas de racionamiento.

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