votos del PSOE

 

La resaca del primer cara a cara entre el presidente Pedro Sánchez y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha servido para consolidar en Génova la estrategia de extrapolar a la próxima campaña de las elecciones generales la misma fórmula que aplicaron en Andalucía.

El PP acudía con reparos al debate del martes y el día después se ve más fuerte y con capacidad para luchar por el objetivo de conseguir un millón de los votos que fueron al PSOE en los últimos comicios. Según los cálculos que tiene el equipo electoral, esta barrera les permitiría rondar los 170 escaños. O dicho de otra manera, de debatir sobre cómo aglutinar el voto del centroderecha el PP empieza a soñar con la posibilidad de rozar la mayoría absoluta. El modelo de campaña es el de Andalucía, y esto implica apuntalar la imagen de un líder que no molesta ni da miedo a nadie. Feijóo se ejercitó en ese papel en el debate del Senado al no dejarse llevar por la lluvia de «golpes» que le dirigió Sánchez: convenció a su partido y logró pinchar la estrategia de Moncloa dirigida a desdibujar un perfil que le ayuda a ganar espacio en voto de centro, más moderado, y que se ha inclinado incluso por el PSOE en otras elecciones.

El plan en Madrid es el mismo que tenía el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, en la última campaña y que le llevó a una mayoría histórica en uno de los bastiones socialistas por antonomasia. Además, a Vox lo dan por amortizado. Creen que el partido de Santiago Abascal ha tocado techo y sólo le queda ir perdiendo apoyos. Las próximas elecciones de mayo, autonómicas y municipales, no son buenas para ellos porque no tienen la estructura territorial capaz de competir con la del PP. Estas elecciones de mayo serán una gran batalla del bipartidismo en la que los dos principales partidos se juegan quién es la fuerza más votada en las municipales (de acuerdo con los datos actuales lo sería el PP) y quién se hace con más poder autonómico, con la Comunidad de Valencia como premio mayor de la rifa.

El PP se siente ya como «el partido único dentro del centroderecha». El debate ideológico en el que se mueve Vox lo dejan en un segundo plano porque parten de la premisa de que «por encima de todo, incluso los votantes de Vox lo que quieren es echar a Pedro Sánchez de Moncloa, por lo que si esa opción la ven segura en Feijóo todo lo demás quedará en un segundo plano». En cuanto a Ciudadanos, en lo que están en Génova en es ir absorbiendo, poco a poco, y sin ruido, el «poco» capital humano que pueda sumar al PP. No son muchos nombres, ni hay operaciones que tengan que ver con las siglas en sí, sino simplemente la integración de perfiles concretos que, desde el punto de vista político, sirvan para rearfirmar el mensaje de que son ese «partido único del centroderecha capaz de sacar del poder al Gobierno de coalición».

Al margen de que el balance externo del debate del Senado beneficie a Feijóo, tan importante como esta lectura es el hecho de que ha servido para aglutinar aún más a la organización popular. Había dudas sobre esta decisión, las primeras dudas en lo que afecta a una paso dado por el nuevo equipo de dirección, y el partido ha reafirmado su confianza en el liderazgo del político gallego y en la gestión que se hace en Madrid de la política de oposición.

Además, el PP arranca el nuevo curso tomando como referencia la idea de que, efectivamente, Sánchez agotará la legislatura y el Gobierno de coalición se mantendrá hasta el final. La incertidumbre de antes del verano ha quedado despejada en la mesa de estrategia de Génova, y este horizonte afecta también al diseño de su política y de sus decisiones.

Con la economía como eje de la agenda, en la dirección popular dan más importancia a la evolución del mercado de trabajo, y a otros indicadores, que al debate sobre si España entrará o no técnicamente en recesión.

La agenda legislativa estará sometida a la negociación de los Presupuestos del próximo año. El Gobierno tiene la intención de aprobar antes el impuesto a la banca y a las energéticas, que el martes de la semana que viene pasará por la Mesa del Congreso. Al Ejecutivo le urge lanzar estas medidas, que son la base de esa campaña del «Gobierno de la gente», «el Gobierno que protege a los trabajadores y a la clase media de los poderosos».

A los sectores perjudicados, más que el impuesto en sí, lo que les subleva es el mensaje del presidente Gobierno que les señala, les estigmatiza y prácticamente les acusa de robar al pueblo en una situación económica crítica.

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